Eralta es una construcción de los años 50 adquirida por la familia Ferrer en la misma época. En sus orígenes toda la finca estaba destinada al cultivo de legumbres, olivos y frutales como las ciruelas, albaricoques, peras... así como al ganado porcino. En lo que ahora es el alojamiento La Criba, habitaban las personas que cuidaban de los cerdos. Una parte de esta planta tenía la función de cuadra de mulos, por eso a día podemos ver los palos que servían para atar a estos animales. Tras un tiempo la granja de cerdos se abandonó y la finca se destinó en su totalidad al cultivo. Durante mucho tiempo, la planta que hoy se conoce como La Parva, fue la zona de recreo de los propietarios de la finca. En torno al 1993, el cortijo dejó de estar habitado, por lo que se deterioró y fue ocupado en diversas ocasiones.